Quién es quién
Doris Sommer enseña literatura en la Universidad de Harvard y promueve en todo el mundo la necesidad de recuperar el Humanismo Clásico, el Arte y el diálogo como elementos centrales para construir sociedades más civícas

“El arte ayuda a curar, es una pausa que libera y permite conversar”

4 enero, 2019 Ningún comentario..
“El arte ayuda a curar, es una pausa que libera y permite conversar”

Doris Sommer es profesora Ira y Jewell Williams de Lenguas Romances y Literatura y de Estudios Africanos y Afroamericanos de la Universidad de Harvard. Además, la profesora Sommer es fundadora de la ONG “Cultural Agents”, dedicada a recuperar la tradición humanística que combina el arte y la investigación al servicio del desarrollo cívico. En este sentido, Doris Sommer ha dedicado su carrera académica a promover el desarrollo a través de las artes y las humanidades, especialmente en Latinoamérica, mediante programas de formación para profesores de alfabetización, pensamiento crítico y ciudadanía. Igualmente, es autora de varios libros, el último de ellos titulado “The Work of Art in the World: Civic Agency and Public Humanities”.

La profesora Sommer visitó Madrid para participar en “II Foro mundial sobre las violencias urbanas y la educación para la convivencia y la paz” y pronunció la conferencia “La salud de los clínicos: el arte como terapia preventiva” en el Hospital Universitario HLA Moncloa. En su intervención, explicó la importancia del humanismo y el arte para construir sociedades más cívicas, expuso diferentes acciones en las que ha participado en Perú, México, Brasil o España para educar en salud pública e igualdad utilizando herramientas como el teatro foro o la lectura y analizó el papel del arte en la curación de la enfermedad.

¿De dónde nace su pasión por la literatura Latinoamericana, a la que ha dedicado gran parte de su carrera profesional?
Me crié en Nueva York, en un barrio puertorriqueño. Aprendí que el lenguaje es un medio artístico. Los latinoamericanos son grandes narradores y la conversación se reconoce como un arte; me quedé encantada. La primera lengua oficial que estudié en la escuela fue el francés, pero no me hizo gracia y pasé más formalmente al español, que sigue siendo la lengua del barrio de Brooklyn donde yo me crié. La literatura latinoamericana es sutil, es irónica, funciona a distintos niveles, se deja interpretar, uno se agarra con un texto con gusto y mantiene el interés por la lectura.

Otro de sus grandes temas de interés es la defensa de la tradición que sitúa al arte y el humanismo como elementos centrales del desarrollo cívico. ¿Qué papel deben jugar el arte y las humanidades en las sociedades del siglo XXI?
Una de las ironías más fuertes para mí es que el humanismo empezó en el Renacimiento como una respuesta a la enseñanza escolástica, a los intelectuales que se habían dedicado al claustro, a no salir. Entonces, los humanistas defendían el arte, la literatura, la interpretación como esenciales para el desarrollo de la vida cívica. La ironía es que hoy en día el humanismo ha vuelto otra vez a ocupar el claustro y no sale: cualquier cosa que tenga que ver con el mundo práctico, con lo instrumental, es anatema. Mi proyecto es volver a animar al humanismo a asumir su papel práctico, su papel cívico, es volver a reconectarnos con una larga tradición humanista en la que los mejores escritores, los mejores intelectuales se dedicaban a la unidad pública.

¿Qué aportación puede hacer el arte a la vida pública en nuestra sociedad?
¿Por qué importa el discurso, la retórica, la literatura, la interpretación en la vida cívica? Porque sin esas destrezas, sin estas artes, no tenemos discurso público, no tenemos debate, nada nos entretiene ni tendremos la oportunidad de hablar con otros. Ahí se termina la vida democrática.

¿Puede el arte mantener su poder como agente transformador en sociedades cada vez más individualistas y cortoplacistas?
El arte no es individualista, provoca sociabilidad. Tú tienes una experiencia frente al arte cuando te preguntas de qué se trata eso, o cómo me siento aquí; el arte te descompone, te excita sin saber por qué. Entonces asumes con esa experiencia que mucha gente va a experimentar lo mismo, lo que te lleva a hablar con otra gente.

“El placer importa y hay que reivindicarlo a la hora de enseñar, de hacer terapia y de vivir normalmente”

El placer de la contemplación del arte funcionaría como elemento de relación social…
La neurociencia nos está enseñando muchas cosas importantes que conectan con la larga tradición de la filosofía estética y una de ellas es que el placer importa. Siempre se ha dicho que la letra con sangre entra y ahora se empieza a decir que la letra con salsa entra: el placer permite que el aprendizaje se quede; sin placer, nos olvidamos. El placer importa y hay que aprovecharlo a la hora de enseñar, de hacer terapia y de vivir normalmente como seres humanos. Tenemos que alentar el placer, el gozo, la admiración por el otro, de estar en compañía del otro.

¿Cómo influye el arte en una ciencia como la Medicina?
El arte ayuda a sanar. En Estados Unidos, el 50% de los hospitales tiene algún programa de arte. En Inglaterra, hay hospitales que se especializan en capacitar a los médicos y enfermeros en usar el arte en la terapia, no solo para pacientes con problemas psicológicos si no también para pacientes con problemas físicos. En Bangalore (India), un médico tuvo la intuición poner un ala de arte en su hospital, dedicado sobre todo al tratamiento del cáncer, y el resultado es maravilloso: los pacientes están mejor, pasan menos tiempo en el hospital y tienen más ganas de hacer cosas; los médicos y los enfermeros están mejor y tienen mejor relación. Sabemos que el arte ayuda a sanar y ahora estamos pensando en el por qué.

¿Tienen alguna hipótesis?
Una hipótesis es que el sentimiento noble que motiva al médico y al enfermero a estudiar tanto, a dedicarse tanto para llegar a ser profesional de la medicina, se siente en cierto modo frustrado a causa de la rutina, cuando una visita clínica parece ser una receta ya conocida o cuando uno pierde el contacto humano con el paciente. ¿Qué hace el arte? El arte es una pausa donde todos somos iguales, donde el paciente no se siente víctima y el médico y el enfermero no se sienten responsables por esa persona, es una pausa que libera y que permite la conversación entre dos personas. Y esa conversación puede durar un minuto, dos minutos, pero es en torno a una actividad, a una experiencia, a una vivencia que han tenido y que sirve como nexo humano.

¿Y sobre el impacto de la creación artística por parte del enfermo?
Al hacer arte, no solo al recibirlo, uno no es víctima. El artista no es víctima: yo tomo la decisión si soy artista, uno siempre está interpretando, tomando decisiones, poniendo algo suyo en la obra. En este momento el paciente no es víctima, es un ser humano creativo. Y la condición humana es creativa. En el ámbito del hospital, he visto, con los artículos que he podido leer, que los pacientes que tienen desafíos interesantes mientras esperan, mientras se sanan, mientras esperan a morir, si tienen desafíos interesantes donde pueden intercambiar una palabra o dos con la persona que le provee la terapia, hay otra relación con la vida, con el equipo y el equipo también se siente realizado en esta relación humana.

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